Del plan al proyecto urbano: ¿Nos estamos quedando cortos en la implementación?

Calzada Independencia cruce con Calle Hidalgo (Fotografía: Agustín Espinosa, 2024)

La planificación urbana, dentro de los organismos públicos, se considera con frecuencia como una tarea o un objetivo a lograr por la Dirección de Desarrollo Urbano del municipio. Se confía en que los planes, como documentos técnicos, tienen la capacidad de cambiar el rumbo de la ciudad. En la teoría, se abordan temas de vital importancia para la mejora y transformación urbana con el fin de optimizar la vida de las personas. Sin embargo, desde la perspectiva práctica o de implementación, estos planes suelen ser documentos poco flexibles y difíciles de entender para la población. Esto plantea la pregunta: ¿Qué tan rentable es invertir en un plan de desarrollo urbano? Evidentemente, si la implementación es nula, la respuesta sería que es poco rentable. No obstante, la falla en muchos casos no radica en el propio plan, sino en la capacidad técnica de los municipios y, sobre todo, en la comprensión de la escala de implementación en términos financieros o de recursos. Cuantos mayores sean los recursos, mayor será la posibilidad de implementación, y viceversa.

Cuando el plan mismo se convierte en un objetivo en sí, se está descartando automáticamente su implementación, que es, en última instancia, la única razón de ser de un plan de desarrollo urbano.

El plan, en su naturaleza, establece objetivos y define nuevos parámetros de desarrollo para la comunidad, abarcando diversas dimensiones: social, económica y ambiental. La dificultad surge una vez que el plan está terminado.

Se necesita un plan para ejecutar el plan.

Es fundamental entender la escala territorial como un plan de bajo nivel de detalle, dado que la ejecución de sus objetivos requiere una mayor precisión. Si bien es cierto que el plan puede ser la pieza clave para la transformación de la ciudad, es igualmente importante desarrollar herramientas adicionales tras su elaboración para lograr la implementación. Es decir, no basta con tener un plan para generar un impacto positivo en la vida de los habitantes. Toda política de mejora debe ir acompañada de un proyecto concreto para su ejecución.

Los planes derivados.

En España como en la mayoría de países, el sistema de planificación urbana se organiza de manera jerárquica, donde cada tipo de plan tiene una función específica y se interrelaciona con los demás para garantizar una gestión coherente y eficaz del suelo y los recursos.

Los planes derivados desempeñan un papel crucial en la gestión y ordenación del territorio, Estos planes, son instrumentos esenciales que guían el desarrollo urbano, asegurando que este se realice de acuerdo con los principios de sostenibilidad, eficiencia y calidad de vida. 

Los planes derivados, permiten un enfoque detallado (de una menor escala) en áreas específicas dentro de un municipio o territorio más amplio. Estos planes traducen las directrices generales de los planes de ordenación urbana en proyectos concretos que abordan problemáticas de un sitio específico

El nivel de detalle que se otorga a estos planes es esencial para garantizar su efectividad. 

En México, aunque el sistema de planificación urbana se basa en principios similares, uno de los desafíos más notables es la falta de un nivel de detalle adecuado. Esta carencia se refleja en la dificultad para abordar con eficacia problemas específicos del territorio y las necesidades locales, en otras palabras, parece que nos quedamos cortos con la implementación.

Permear la cultura del proyecto urbano.

La falta de claridad y detalle en un plan de desarrollo urbano no necesariamente indica una mala planeación. Es importante comprender que, en muchos casos, lo que suele faltar en el proceso urbano en México son los proyectos derivados del plan, especialmente aquellos relacionados con el espacio público. Estos proyectos son esenciales para materializar las ideas planteadas en el plan de desarrollo urbano, transformándolas en acciones concretas.

Adoptar una cultura que integre tanto planes como proyectos urbanos es fundamental. No se trata solo de contar con planes de desarrollo, sino también de desarrollar proyectos específicos que den forma y ejecución a estos planes. Este enfoque es aplicable incluso en municipios con recursos limitados, pues la clave radica en la organización y la planificación detallada de los proyectos, no necesariamente en la disponibilidad de grandes recursos.

En este sentido, el proyecto urbano se presenta como el documento técnico que actúa como una herramienta para materializar las ideas del plan de desarrollo urbano. En otras palabras, el proyecto urbano se convierte en un vehículo controlable, con un nivel de detalle complementario que ajusta y concreta las estrategias planteadas en el plan. A través de los proyectos, es posible abordar de manera precisa y detallada las intervenciones en el espacio público, las infraestructuras necesarias y las dinámicas urbanas específicas de cada área, asegurando que las estrategias del plan de desarrollo sean viables y efectivas en la práctica.


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Autor:


Agustín Espinosa Zarate

Arquitecto por la Universidad de Guadalajara (UDG), con estudios en Arquitectura del Paisaje por el Instituto Tecnológico de Estudios de Occidente (ITESO), estudios en Diseño Urbano por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Máster en Desarrollo Urbano por la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC).Co-Fundador de Taller Metropolitano de Arquitectura y Urbanismo.


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